Dos rayitas rojas confirmaron mis sospechas: sí, estaba embarazada!... no lo podía creer. Desde que me hicieron el legrado tres meses antes, el embarazo era algo que esperábamos con ansías locas. Teníamos casi dos años intentando ampliar la familia y todo parecía indicar que ibamos a necesitar una ayudita adicional de un(a) experto(a) en fertilidad... pero como dicen por ahí "cuando Dios manda, hasta el diablo obedece", una noche recibimos esa noticia.
A partir de ahí vino la algarabía, la alegría, el dar gracias a Dios por esa maravillosa noticia que evidentemente cambiaría mi vida para siempre. Fueron pasando los dias y no sentia ningún malestar... y secretamente hasta agradecí (prematuramente), no sentir esas molestias. Pero qué va, creo que ninguna mujer escapa a las garras de los malestares.
Las personas me felicitaban, en especial las que ya eran madres, quienes se encargaron de recordarme a cada momento lo "afortunada y bendecida" que era por ser parte del milagro de la vida.
Yo feliz, inmersa en mi bebé y secretamente (otra vez!) pidiendo a Dios que me permitiera conservar ese embarazo.
Hasta que poco a poco, comencé a sentir los malestares. Nooo, no me exoneraron, es sólo que se tomaron su tiempo en aparecer.
Reconozco que fui afortunada, tuve un embarazo sin ningún tipo de complicación y sólo aumenté 28 libras en el embarazo completo.
Sin embargo, voy a compartir con ustedes algunas cosas que no te dicen quienes te venden el embarazo como "la etapa más maravillosa en la vida de una mujer":
1. Los malestares, que no te dejan dormir, comer, respirar, interactuar como una persona normal (porque si no lo recuerdas, tú eras una persona normal antes de recibir la noticia).
2. El sueño insoportable que no te deja ser sociable ni interactuar con los demás.
3. Los cambios de humor, provocados por un cóctel hormonal que invade el cuerpo durante las 40 semanas del embarazo y aún más allá del parto.
4. La incomodidad de saber que no puedes siquiera dormir como te gusta.
5. La pérdida de control sobre nuestro cuerpo: ya no somos una sola persona, ahora somos dos.
6. Los consejos dados y no pedidos de personas que criaron sus hijos a su manera y pretenden que lo hagas igual.
7. La hipersensibilidad porque entendemos que nadie nos entiende.
8. Los dolores en los senos, en los muslos y en los pies, porque el cuerpo te reclama la invasión de un cuerpo extraño,
9. Ya para el último trimestre las molestias se duplican y se combinan con la ansienda de saber a quién se parecerán.
Es cierto que el embarazo es una etapa maravillosa, pero tampoco seamos hipócritas. Lo verdaderamente hermoso, puro y real es el amor que sientes por esa personita desde que supiste que estaba dentro de ti. Reconocer que esas 40 semanas son dificiles de sobrellevar, no te harán una mala madre... como sea, a ti es que siempre tu bebé va a querer más. Jajaja
